¿Para qué Yoga?

El Yoga sirve para entender qué es el equilibrio y cómo mantenerlo.

Empecemos por preguntarnos, ¿qué es lo primero que llega a la mente cuando pensamos en equilibrio? Por ejemplo, muchos piensan en equilibrio como ese estado natural de tranquilidad y de paz interior; ese que nos permite respirar largo y profundo y dejar al corazón brillar. Otros imaginan un estado de estabilidad física, o de ecuanimidad entre dos cosas.

Para mi el equilibrio es esa estabilidad interior que nos hace sentir libres y tranquilos. Naturalmente vivimos en una constante dualidad ~ del día y noche, de alegría y dolor, de amor y desamor, de claridad y confusión, de sensibilidad y razón, de energía y cansancio, de sueños y manifestaciones, de Yin y Yang.

Aceptando que somos duales, ¿cómo entonces podemos mantener el equilibrio?IntYogaDay4.jpg

Respirar. Aquí va una de las primeras herramientas claves para sentirnos en equilibrio. Lo primero que perdemos cuando nos sentimos en desequilibrio es la respiración. Sentimos el corazón palpitar más rápido, el cuerpo cambiar de temperatura mientras los músculos se contraen y algunas veces tiembla. Al perder la respiración nos alejamos de nuestro equilibrio.

Dualidad. Al aceptar que vivimos en una constante dualidad y somos conscientes de que nuestras emociones son energía en movimiento, aprendemos a tomar distancia y a dejar de identificarnos con nuestras emociones; un reto inmenso. La dualidad puede jugar muy a favor o en contra de nuestro equilibrio. Al ser conscientes y fortalecernos al interior logramos tomar más distancia de nuestro estado dual y fluir hacia nuestro equilibrio.

Energía. Mucho del equilibrio está conectado a nuestro equilibrio energético. Cuando nos sentimos cansados, perdemos la creatividad y las ganas. Para evitar bloqueos, debemos conocer nuestra cantidad y calidad energética. Entender cómo mantenerla canalizada sin desbordarnos, y sobre todo aprender a invertirla y nutrirla. Cuando la energía fluye, la creatividad y la inspiración fluyen igualmente. Pero cuando no, somatizamos los bloqueos, nos frustramos, y muchas veces nos enfermamos. El Yoga nos enseña a equilibrar nuestra energía, a observarla, aceptarla y fluir con ella.IntYogaDay2.jpg

Introspección.  Para observarnos necesitamos de un ritual silencioso donde nos permitamos una honesta introspección. Una introspección que estimule nuestros ojos interiores y la luz interior que sea capaz de alumbrar el espejo que nos refleja a nosotros mismos. Estamos acostumbrados a echarle la culpa a otros y a todo lo ajeno cuando nos sentimos en desequilibrio. La mayoría de veces se nos olvida primero observarnos con honestidad y excavar profundamente hasta encontrar el lugar de donde surge ese desequilibrio, ese bloqueo energético.

La práctica de Yoga nos brinda muchas herramientas para crear ese silencio profundo que nos permite no solo observarnos, sino también aprender a escucharnos. Por ejemplo observar desde dónde producimos nuestros pensamientos, qué comunicamos y cómo actuamos: ¿desde el ego, desde las emociones y su dualidad, desde el corazón o desde afuera, desde una presión social? ¿desde el juicio o la empatía, desde el control o la humildad, desde la rabia o la compasión?

Desapego. El desapego del ego, de las emociones, de la presión social y el mundo externo al nuestro, nos ayuda a mantener nuestro equilibrio. El desapego entrena nuestra fuerza interior a buscar equilibrio sin depender de nada externo; y es aquí donde lo externo pierde importancia, se vuelva invisible. Cuando tenemos total desapego somos libres, respiramos largo y profundo, entendemos el ritmo de nuestra energía y nos observamos siempre desde otro lugar, amándonos e inspirando ese amor alrededor nuestro.

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Identidad. El desapego más profunda nos invita no solo a soltar, sino también a dejar de identificarnos con mucho de lo que sentimos nos da equilibrio. Nuestro mundo físico, nuestro nombre, edad, raza, género, estatus social, profesión, patrimonio, familia, amistades, o cualquier cosa con la que sentimos fuente de equilibrio y felicidad. Al dejar de identificarnos con algo externo a nuestra verdadera esencia, mantendremos el equilibrio y cada día nos sentiremos más tranquilos y libres.

Práctica. Llevando el concepto de equilibrio a la práctica de Yoga, entendemos que físicamente el equilibrio de cada asana le exige a nuestro cuerpo una quietud total mientras dos o más fuerzas de la misma intensidad actúan en sentido opuesto. La práctica nos ayuda también a encontrar el equilibrio entre las energías Yin y Yang.

Por ejemplo, si no tenemos ese equilibrio interior, posiblemente nos caemos una y otra vez en cualquiera de las posiciones de pie y de equilibrio en el método de Ashtanga Yoga. Una práctica equilibrada de Ashtanga Yoga exige una correcta alineación y adaptación de las asanas para fortalecernos y volvernos más flexibles, pero sobretodo para auto-conocernos. Una vez nuestro cuerpo físico haya integrado la práctica de asanas debemos profundizar en ella de manera equilibrada, y profundizar en nuestros cuerpos sutiles.

En cualquier práctica de yoga Yang, dinámica, le exigimos al cuerpo acción, calor, concentración, movimiento, rigidez, energía y fuerza. En cualquier práctica Yin, pasiva, le exigimos frío, oscuridad, sensibilidad, quietud, anclaje, fluidez y reposo. Estas dos son necesarias para mantener el equilibrio y sentir intuitivamente cuando debemos alimentar la una o la otra.

El Ashtanga Yoga es indudablemente Yang pero al practicar con suavidad, honrando nuestro equilibrio, podemos alimentar nuestra energía Yin y viceversa. Si preferimos una práctica Hatha más Yin, podemos también alimentar nuestras energías Yang y encontrar el equilibrio.

En la práctica del Yoga sincronizamos la respiración con el tiempo de quietud y movimiento en las asanas. La práctica puede ser regeneradora, con un ritmo lento y sin esfuerzo muscular o desintoxicante con un ritmo dinámico y con esfuerzo muscular. Ambas se complementan y son esenciales.

Sistema Nervioso. Nuestro sistema nervioso, complejo y a la vez y muy sofisticado, se mantiene desequilibrado. A diario estamos captamos información externa e interna que nos distrae. Esta información es procesada por el sistema nervioso, quien se encarga de dar las órdenes sobre nuestro funcionamiento; se mantiene activo y sin descanso.

Podemos hablar básicamente de 3 funciones del sistema nervioso: la sensorial, la integradora y la motora. La sensorial recibe los estímulos internos y externos. La integradora analiza la información sensorial y toma las decisiones apropiadas. Y la motora genera las respuestas de músculos o glándulas para que actúen o no.

El sistema nervioso central se divide en dos partes: el central y el periférico donde se encuentra el sistema nervioso autónomo y donde se encuentran el sistema nervioso simpático y el parasimpático. Hoy día en nuestras sociedades urbanas la mayoría mantenemos el simpático sobreestimulado y en constante alerta causando un desequilibrio del parasimpático.

Entonces para encontrar el equilibrio entre los dos es clave un estilo de vida que le de descanso al simpático y empodere al parasimpático. La clave está en brindarle al cuerpo protección, descanso, y relajación total sin mucho uso de energía. Esto y mucho más nos brinda la ciencia milenaria del Yoga.

Estas son algunas de mis respuestas a ¿para qué Yoga? La práctica me ha permitido no solo entender e integrar todo esto en mi vida, sino también compartirlo con otros.

Que seamos muchos más los que practiquemos, profundizamos en ella y fluyamos con nuestro equilibrio.IntYogaDay1.jpg

by Carolina Daza

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